
Residuos Sólidos urbanos
Vidrio
Metales
Textiles
Papel y cartón
Plástico
EL MODELO DE NEGOCIOS PORTEÑO
Otros
Desechos Alimenticios
TRIPLE R
Triple R: el modelo de negocio que aprovechan cada vez más porteños
Miércoles, 13 de septiembre
Por: Delfina Morales
Toda actividad humana genera residuos, es un fenómeno que existe hace unos 4.000 millones de años. En la actualidad, se producen alrededor de 1.500 millones de toneladas anuales de residuos sólidos urbanos (RSU) a nivel mundial, una cantidad que alcanzaría para cubrir la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) hasta la altura equivalente a un edificio de 7 pisos, según el Informe sobre el estado del ambiente (2016) realizado por el Ministerio de Medio Ambiente de la Nación.
Los RSU son desechos originados por usos residenciales, comerciales e institucionales y demás operaciones de aseo del espacio público.
De acuerdo a este informe, los alimentos, plásticos, papeles y cartones, desechos textiles y metales representan el 84 por ciento de los RSU en CABA. El otro 16 por ciento son elementos que provienen de industrias y establecimientos de salud, siempre que no tengan características tóxicas ni peligrosas.
No entran en la categoría RSU los residuos patogénicos, peligrosos, radiactivos o los residuos relacionados a embarcaciones.
Cada porteño genera por día 1,52 kilos de basura. Según la Coordinación Ecológica Área Metropolitana Sociedad del Estado (CEAMSE), la Ciudad entierra aproximadamente 6000 toneladas diarias, de las cuales el 40 por ciento son potencialmente reciclables.
El nuevo modelo de negocio que aprovechan cada vez más porteños se orienta hacia el reciclaje de los RSU. Hay una inclinación mundial hacia lo ‘verde’ y en las urbes está de moda ser ‘sustentable’. Matias Mischung, un artista que realiza esculturas con materiales reciclados, advierte: “Hay una tendencia cool ambiental en las ciudades argentinas. Pero, eso sirve de nada eso. En definitiva, estás haciendo mucho más daño cambiando tu celular cada dos por tres que tirando la cáscara de banana en el tacho incorrecto.”
Comprar y consumir productos orgánicos, artesanales, eco-friendly es ‘canchero’. Muchas personas e instituciones comprendieron el mercado y ya están sacando ventaja. El gran problema de fondo es que las grandes empresas siguen fabricando sus productos sin tener en cuenta el impacto de los RSU sobre el medio ambiente, el hogar del hombre.
El principio de la economía circular surge para combatir a este modelo tradicional de la economía lineal y brinda una solución a la acumulación de basura. Reemplaza las acciones: extraer, producir, usar y tirar con la Triple R: Reducir, Reutilizar (Reparar) y Reciclar.
De acuerdo con The Ellen MacArthur Foundation, la economía circular es reparadora y regenerativa, y procura que los productos, componentes y recursos en general mantengan su utilidad y valor en todo momento. Así, se protegen los recursos naturales y se beneficia el hombre y la naturaleza.
La mayor parte de la materia prima utilizada para generar un producto se pierde en la fabricación. Además, acarrea un costo elevado en términos ambientales por el consumo de energía y agua y las emisiones de gases de efecto invernadero. La oportunidad de negocio está en saber aprovechar los residuos reciclables.
El reciclaje artístico nació como una respuesta ante la problemática ambiental. Es una solución creativa e innovadora que combate la acumulación de los bienes y la contaminación. Quienes forman parte de este movimiento, usan como materia prima de sus obras lo que la mayoría de la gente considera basura. Luciano Mogni, muralista conocido como “LUC” explica:“Trabajamos cartón, plástico y denim. Uno puede rescatar hasta de los componentes electrónicos. Con el concepto de upcycling, se pueden generar subproductos como viviendas, mobiliarios, plástico, adobe”.
Aplicar el principio de la economía circular para el tratamiento de los residuos sólidos urbanos es una válida respuesta para el problema de la contaminación ambiental en la Ciudad de Buenos Aires. Ahorra costos en el proceso de producción, se consume menos energía, se reutilizan materiales, se contamina menos.
Crédito: Catalina Ponce
DESECHOS ALIMENTICIOS (50%)
En CABA, el cincuenta por ciento de los desechos urbanos son orgánicos. Si bien estos residuos no pueden reciclarse, pueden ser reutilizados a través de procesos de compostaje o digestión anaeróbica (biodigestores).
Estos traen muchos beneficios; la reducción de residuos aporta tanto al medio ambiente como a la economía. Además, el producto resultante sirve como fertilizante natural con un alto grado de nutrientes.
Dicho proceso de reutilización conlleva un compromiso individual. “Querer reciclar alimentos es algo puramente personal. Hay gente que lo hace y recorre cuarenta cuadras para llevar la bolsa de orgánicos. Pero, falta un cambio de mentalidad en general”, afirma Nicolás Enríquez, cofundador de la empresa YoCompost.

Crédito: Sofía Cormick
DESECHOS ORGÁNICOS: UN RECURSO INFINITO
En la Ciudad de Buenos Aires, el cincuenta por ciento de los desechos urbanos son de material orgánico. Si bien en el país tanto organizaciones como el gobierno promueven la reutilización de esos residuos, se necesita de un mayor compromiso personal de la población para lograr un verdadero impacto.
Por: Sofía Cormick
En el municipio de San Martín, pegado al estacionamiento del Campus Miguelete, existe un espacio que
contrasta fuertemente con la urbanización de la Ciudad de Buenos Aires. A solo unas cuadras de la
avenida General Paz se encuentra Bosque Urbano, un punto natural o “laboratorio vivo” que nació como
iniciativa de alumnos de carreras ambientales para rescatar plantas de la zona y preservar un ambiente
natural dentro del mundo urbano.
En Bosque Urbano la naturaleza y la energía sustentable se percibe; allí la permacultura (hipervínculo)
es la actividad predominante y sus protagonistas son los árboles, las plantas nativas, las huertas y los
jardines verticales. Es ahí también donde la organización YoCompost (hipervínculo) tiene un espacio de
trabajo donde composteras y biodigestores reconvierten los desechos orgánicos de la Universidad de
San Martín en nuevas oportunidades. Los productos resultantes de los procesos de las composteras y
biodigestores son residuos con un alto grado de concentración de nutrientes y materia orgánica, ideales como fertilizantes.
YoCompost surgió tras la inquietud de dos diseñadores industriales: según el gobierno de la Ciudad de
Buenos Aires un cincuenta por ciento de los Residuos Sólidos Urbanos de la Ciudad de Buenos Aires son
orgánicos. A partir de esta realidad notaron que un potencial energético muy importante se
desaprovechaba y decidieron hacer algo al respecto.
“La manera en que hoy se manejan los residuos consume mucha energía y altos costos. En San Martín,
por ejemplo, el treinta por ciento del presupuesto aproximado del municipio es para recolección y
gestión de residuos. Están pasando a buscar una bolsa de basura y la mitad de esa bolsa puede
reconvertirse”, afirma Nicolás Enríquez, uno de los fundadores de YoCompost.
Actualmente hay una costumbre general de que los desechos terminan su ciclo una vez que llegan al
tacho de basura. Más que nada en relación a los orgánicos cuya descomposición es rápida, hay una
tendencia a buscar deshacerse de ellos cuanto antes: “Tiraste la basura al tacho, sacaste la bolsa a la
calle y ahí se terminó, te olvidaste.A la gente le da asco la basura, y la realidad es que al principio es solo
un resto, todavía no pasó nada” agrega Enríquez.
Es justo en esos restos donde organizaciones de este tipo ven oportunidades que, si se aprovechan
eficientemente, pueden traer incontables beneficios tanto para la economía como para el medio
ambiente. “Hoy en la Argentina querer reciclar es una decisión principalmente personal. Por esto tiene
que haber un cambio en la mentalidad de la gente que no está acostumbrada a hacerlo”, afirma
Enríquez.
En búsqueda de este cambio, distintas movilizaciones tratan de concientizar a la población de la
oportunidad que está siendo desaprovechada. Red de Compostaje es un sitio que brinda
toda la información necesaria para cualquier interesado en la reutilización de los residuos orgánicos. Fue
ideada para demostrar que, sumando esfuerzos, se puede generar un cambio. Según esta, de las 17.000
toneladas de residuos que se producen por día, 8.000 son desechos orgánicos. A lo que va del año, la
red ya logró que se generen 558.818,02 kilos de tierra fértil.
En el caso de Yo Compost, además de ayudar en pequeñas acciones de compostaje, tratan de llevar la
reutilización de desechos orgánicos a escalas mayores. Universidades, empresas, estadios, bancos y
escuelas entre otros, están categorizados como Grandes Generadores de Residuos, y es ahí a donde
apunta la empresa.
“Es todo un desafío. Lo principal que tenemos que lograr es simplificar el tema, en no complicarlo.
Queremos que una empresa en vez de pagar por ese container que le vienen a levantar una vez al mes,
trate esa basura y genere compost o biofertilizante. Si encima genera mucho de este puede venderlo y
ahí hay otro negocio. Eso es lo que creemos que tendría que pasar”, afirma Enríquez.
Por parte del gobierno también está comenzado a haber movilizaciones en algunos municipios. En
Vicente López, por ejemplo, existen Puntos de Reciclado donde diariamente se hace una recolección
diferenciada de desechos orgánicos de los que no lo son. Otros municipios, por el contrario, poseen
otras prioridades y presentan mayores obstáculos para realizar este tipo de recolecciones.
“En San Martín la sustentabilidad no es una prioridad, hablamos con el intendente y no está ni en el top
10. Pero Vicente López es un referente de que sí se están haciendo movilizaciones. Por esto es que el
compromiso personal es clave. Hay gente que lo hace, que se hace cuarenta cuadras para llevarse la
bolsa de reciclables, y ahí ves que todavía hay esperanza. Pero falta”, agrega Nicolás Enríquez.
“A veces me encuentro hablando y pienso ‘qué hippie suena el discurso’, pero es totalmente sensato.
No hay mucha vuelta que darle, la complicamos nosotros. Hay que volver a las raíces, a lo anterior”,
concluye Enríquez.

Las composteras deben dividirse en compartimientos para generar un ciclo continuo. (S.C.)

Es importante mantener la humedad dentro de la compostera. (S.C.)

Los biogestores son anaeróbicos herméticos y abartivos; permiten el ingreso de carnes. (S.C.)

Las composteras deben dividirse en compartimientos para generar un ciclo continuo. (S.C.)
El plástico es un material que está presente en la rutina diaria de cualquier hombre. Se encuentra en la mayoría de los elementos que utilizamos: envases de alimentos, productos de limpieza e higiene personal, etc.
El problema que acarrea su uso masivo es que no es biodegradable, ya que tarda siglos en descomponerse en condiciones naturales.
Existen distintos tipos de plástico, entre ellos podemos mencionar las botellas que están compuestas por tereftalato de tolietileno (PET) y las tapitas de polipropileno (PP). Es por ello que se deben separar, ya que se derriten a distintas temperaturas.
El PET es el que más se recicla a nivel global. Una vez limpio puede reutilizarse para producir más botellas o derivados como pueden ser las bolsas de plástico. Las tapitas se convierten en baldes o palas.
Algunas instituciones, tanto las públicas como las privadas, se encargan de promover actividades instructivas para que los ciudadanos comprendan cómo se puede aplicar el método de la Triple R desde sus propias casas. Por ejemplo, existen talleres sustentables que brindan las herramientas básicas para que el público aprenda a crear nuevos productos con los desechos que son reciclables.

cuando el residuo es materia prima
La Municipalidad de Pilar realizó un encuentro en la Secretaría de Medio Ambiente para enseñarle a la gente cómo reciclar bolsas plásticas con el fin de crear bolsos para distintos usos.
Por: Camila Pagnanelli
Siete mujeres de distintas edades se encontraron en la Secretaría de Medio Ambiente en Pilar, todas fueron con el mismo fin: aprender cómo reciclar bolsas de plástico para crear bolsos. Se presentaron diciendo su nombre, aunque muchas ya se conocían luego de haber compartido talleres anteriores.
A las 10 de la mañana se presentó la profesora Natalia Notthoff, diseñadora industrial y capacitadora para emprendimientos sustentables. Le entregó a cada una dos papeles vegetales mientras explicaba el proceso de transformación y los pasos a seguir.
Se vivía un ambiente distendido, a las risas y charlas las acompañaron con mates y bizcochitos. En dos mesas se acomodaron todas las participantes, delante suyo tenían planchas, los papeles, una máquina de coser, tijeras y muchísimas bolsas. Rosa, una de las participantes, contó mientras trabajaba que era el tercer taller que hacía, ya había participado de otros talleres sustentables organizados por la Municipalidad de Pilar, como el de neumáticos y el de pallets. “Lo llevo a la práctica, hice cosas para mi casa y ahora me pidieron un puff de neumáticos”, agregó.
Algunas de las participantes trabajando (C.P.).
La diseñadora les explicó cómo cortar las bolsas y la manera de superponerlas para poder plancharlas. Varias mujeres llevaron sus propias bolsas de plástico con diseños que les gustaban, y si no, se les proveyó una gran cantidad de bolsas de distintos tamaños, colores, diseños y gráficas.
La municipalidad les dio los materiales que necesitaban (C.P).
La diseñadora con una gran sonrisa y mucha paciencia les enseñaba a las inexpertas cómo planchar las bolsas luego de cortarles las manijas y desfondarlas. “Cuando se le pone temperatura, las bolsas se fusionan y se logra un espesor mayor porque el gramaje de cada bolsa se empieza a superponer”, comentaba Notthoff al ver la cara de sorpresa de las participantes cuando se formaba una capa dura de plástico. Varias se las ingeniaban y, aunque a otras les costaba un poco más, las tiras empezaron a tomar forma.
Natalia Notthoff –a la derecha- ayudaba con los trabajos (C.P).
A medida que avanzaba el taller, también lo hacía el trabajo; y crecían las ganas de ver el proyecto terminado. A pesar de algunas complicaciones con la máquina de coser, Rosa pudo arreglarla; a la vez Susana, otra de las participantes, les mostró a las demás cómo coser el bolso a mano, demostrando una gran habilidad con la mano y astucia para sobreponerse a una eventualidad. Si bien el taller lo guiaba Notthoff, todas aportaron de sus conocimientos previos para enriquecer el proyecto. Al igual que ellas, muchas otras personas pudieron empezar a emprender experimentando con los talleres, y con lo que hicieron ahí pueden comercializarlo y darle forma a su emprendimiento.
Una de las participantes más jóvenes, llamada Florencia, comentó que le gustaría que estos talleres tengan más difusión, ya que la gente no sabe cómo reciclar y piensan que es más difícil de lo que en realidad es.
Las asistentes se retiraban felices con sus bolsos de distintos diseños (C.P.)
Finalmente, la mayoría de las mujeres se fue con el producto terminado y una gran sonrisa en el rostro. Susana dijo que nunca se le había ocurrido reciclar bolsas, que es la primera vez que lo escuchaba y le pareció extraordinario porque es un foco muy importante, se fue “chocha”.
Notthoff se retiró diciendo, “Lo que para otro era basura, para mí es materia prima”.






Crédito: Camila Pagnanelli
La crisis económica argentina del 2001 elevó la desocupación por encima del 20 por ciento y la pobreza al 50, multiplicando la cantidad de personas viviendo en situación de calle. Fue así como nacieron los cartoneros.
Ellos fueron los primeros en encontrar una oportunidad de negocio en los RSU. Mientras el resto del país colapsaba, salían a recolectar materiales reciclables y los vendían como una forma de subsistencia.
Las primeras cooperativas de recuperadores urbanos se comenzaron a conformar al año siguiente. A la par, se fundó el Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) para reivindicar los derechos de los cartoneros.
Gracias a la presión de las cooperativas y organizaciones sociales, se comenzaron a tomar medidas políticas y legales para mejorar las condiciones de trabajo. La derogación de reglamentos que prohibían su labor abrió paso a la sanción de la Ley 992/02, la cual reconoce la actividad de los recuperadores urbanos y los incorpora al servicio público de recolección de residuos.
Hoy funcionan 12 cooperativas en la Ciudad de Buenos Aires.
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El Amanecer de los Cartoneros
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El Álamo
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Cooperativa del Oeste
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Cooperativa de Recuperadores Urbanos del Oeste
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Cartoneros del Sur
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El Trébol
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Alelí
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Reciclando Trabajo y Dignidad
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Baires Cero
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Cooperativa Primavera
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Cooperativa El Ceibo
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Cooperativa Madreselva


El camino hacia la recuperación de la basura
En la Ciudad de Buenos Aires se producen 6000 toneladas diarias de desechos urbanos. El Centro de Reciclaje de Villa Soldati logra recuperar el 50 por ciento de los residuos para reincorporarlos al sistema productivo.
Por: Milagros Esoin
El olor se sentía a 10 cuadras de distancia. La humedad de aquel jueves 24 de agosto lluvioso, no hacía más que intensificar aquel el hedor repugnante. El ambiente pesado se asemejaba a los días de crecida del río. Una mañana poco favorable para visitar el Centro de Reciclaje de la Ciudad (CRC).
Al entrar al predio, un edificio moderno esperaba. Detrás de él, lo custodiaban cuatro imponentes estructuras de ladrillo y cemento que hacían ver a aquel “pequeño” Centro Educativo una construcción de última generación. El resto de la escenografía se limitaba a montañas de escombros y basura, que pintaban aún más gris aquella escena.

“Acá intentamos concientizar a los chicos y maestros sobre la correcta separación de los residuos y su gestión integral”, afirmó Matías Rosenberg, director del Centro Educativo del CRC, minutos antes a iniciar los tres videos explicativos que se reproducen al inicio de la visita guiada. Previo al recorrido de las cuatro plantas, un público de 30 maestras escolares se informó sobre el consumo responsable, la separación en origen y la importancia de las tres R: reducción, reutilización y reciclado de los desechos. De esta forma, el Gobierno de la Ciudad intenta promover herramientas que impulsen al máximo el aprovechamiento de los residuos.

Ya disfrazados de constructores con cascos y anteojos de plásticos, se inició el tour. La primera parada fue en la Planta de Productos Orgánicos. Esta es la principal causante del olor que invade al centro. Dicho departamento recibe alrededor de 10 y 20 toneladas de residuos por día. Una vez dentro, se inicia el proceso de compostaje para que el material sea utilizado como abono para la tierra. En primera instancia, se separa lo orgánico de lo inorgánico. Luego, es mezclado con CHIPS de madera (pequeños trozos de madera) y almacenada en túneles hasta alcanzar una maduración parcial. Para su maduración final se trabaja con lombricultura o reposo. Por último, el compost es acondicionado y fraccionado.
El grupo siguió hacia la planta contigua a través de un puente de metal que atraviesa al complejo. El ruido apabullante ya anticipaba el trabajo de la Planta de restos de poda. Dicho departamento trata un total de 18 mil toneladas de residuos de poda y forestales
por año. La capacidad de procesamiento es de más de 10 toneladas por hora. Entre las utilidades del residuo están: chips, virutas, pallets, etc.

La siguiente visita fue a la Planta de residuos áridos. Su objetivo es evitar que residuos de obras terminen en el relleno sanitario. Actualmente, pueden tratar hasta 2400 toneladas por día y su recuperación es de un 90 por ciento. Esta planta logra reutilizar un tercio del total de residuos áridos de la ciudad. Por día, ingresan más de 600 camiones de unas 100 empresas volqueteras.
La última visita refiere a los residuos PET y se limita a un plástico en particular: el tereftalato de polietileno. Este es comúnmente usado para envases de gaseosas, agua o aceite y es 100 por ciento reciclable. La planta permite que este material sea reutilizado para fabricar productos nuevos. De esta manera, se contribuye al cambio de una economía lineal, “lo uso y lo tiro”, a una economía circular; en donde los residuos/subproductos son reincorporados en el sistema productivos. La maquinaria del lugar permite procesar hasta 2000 kg por hora. “Toda botella que venga con tapa o etiqueta deberá ser desechada”, advirtió Antonela Gonzales, licenciada en Ciencias Ambientales y especialista de la planta.
Por último, se visitó a la recién inaugurada Planta de MRF (Material Recycling Facility) que convierte a los dos Centros Verdes del predio, en Centros Verdes Automatizados (la primera en el país). La incorporación de nueva tecnología permite tratar los residuos secos con un nivel de eficiencia muy superior al de los 8 Centros Verdes ya instalados en la ciudad. Mientras estos últimos procesan unas 6 toneladas de material seco por hora, la MRF obtiene unas 60 toneladas de material en el mismo tiempo. Además, se distingue por su superior proceso de selección, logrando reciclar papel, cartón, vidrio o plástico con una mejor calidad.
Para ese entonces ya habían pasado 75 minutos del inicio del recorrido y en la zona de Ana María Janer 2750, ya había dejado de llover. El grupo volvió a aquel pequeño edificio moderno para concluir el recorrido con un taller recreativo. Allí se capacitó a las profesoras para que estas vuelvan a clase con herramientas para trabajar con sus alumnos. “Nosotros aspiramos a una economía circular, de manera que dejemos de utilizar recursos naturales y usemos los descartes. Así, todo vuelva a nosotros como un producto nuevo”, afirmó Ornella Zambón, también licenciada en Ciencias Ambientales y encargada del recorrido de planta.
La excursión estuvo a cargo de la Agencia de Protección Ambiental del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, mediante el programa Produce más Limpio. Su principal objetivo: promover el funcionamiento de la Ley 1.854, conocida como “Basura Cero”.
Dicha norma, no sólo contempla el concepto “Triple R”, sino también busca disminuir las toxicidades de la basura y la asunción de la responsabilidad de todos las que lo fabricamos.
Los desechos textiles, junto con la madera, goma, cuero y corcho, representan un 6,69% de los desechos de la Ciudad de Buenos Aires..
Según Myriam Núñez (hiperviculo entrevista) fundadora de la Escuela Argentina de Moda, la sustentabilidad en el diseño de indumentaria no es simplemente reducir material. Se deben tener en cuenta otros factores como la selección de materiales más naturales y el ahorro de energía en el proceso de producción.
El objetivo para lograr una verdadera sustentabilidad es la Reducción. Esta empieza por usar telas como el lino o la seda, que a pesar de que son caras en el país, son telas de degradación más rápida.
Existe una línea tajante entre aquellos diseñadores que tienen conciencia real y los que lo hacen simplemente por marketing. Los primeros no solo reciclan basura pensando en el presente, sino utilizando materiales biodegradables que ayudan a reducir la contaminación. En segundo lugar, están lo que plotean sus vidrieras o utilizan bolsas de papel reciclado solo para estar en la sintonía de la sustentabilidad. Estos casos en definitiva buscan asociar a la imagen de la marca con lo green, pero sus politicas son meramente superficiales.

Papel y cartón (17%)
Desechos textiles (5%)

La carrera de diseño sustentable fue creada por la demanda del público y el impulso de los alumnos. (S.H.)

En la misma universidad exhiben sus proyectos y prendas creadas. (S.H.)


La carrera de diseño sustentable fue creada por la demanda del público y el impulso de los alumnos. (S.H.)
El vidrio es fácilmente reciclable, ya que partiendo de un envase viejo puede realizarse uno nuevo. Esto sucede porque es un material que proviene de la naturaleza, aunque también puede ser producido por el hombre.
Es un material totalmente reciclable, puede ser reprocesado ilimitada cantidad de veces sin que se pierdan sus propiedades, y de esta manera se ahorra alrededor de 30% de energía con respecto al vidrio nuevo.
Se necesita apenas el 25% de la energía necesaria para hacer vidrio nuevo. Reduce la contaminación del aire en un 20% y la del agua en 50% en comparación con hacer una botella nueva. El vidrio de las botellas más modernas tarda más 4000 años en desintegrarse. Por cada tonelada de vidrio reciclado se ahorran 130 kilos de combustible y 1.200 de materia prima.
No hay pérdidas por transformación en otros componentes químicos ni producción de desechos de ningún tipo, ni es necesaria la combustión. En todos los casos, la interacción con el medio ambiente no es agresiva.
Para ser reciclado correctamente el vidrio debe ser separado y clasificado según su tipo, el cual suele asociarse a su color: verde, ámbar y transparente. A continuación, es necesario que todo material ajeno (como tapas metálicas o etiquetas) sea separado, para que éste sea triturado y fundido junto con arena, hidróxido de sodio y caliza para fabricar nuevos productos. Estos tendrán idénticas propiedades con respecto al vidrio fabricado directamente de los recursos naturales.
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Los metales se encuentran en los residuos diarios como latas, envoltorios de chocolate, muebles, tuberías, monedas, ollas y sartenes, clavos, etc. Estos son desechados comúnmente porque a simple vista pareciera que no genera grandes oportunidades de negocio.
No obstante, este material posee una gran ventaja: no se degrada cuando se recicla. Los metales no pierden calidad, pueden ser reciclados innumerables veces y seguir conservando sus propiedades, a diferencia del cartón o del papel.
Quienes hallaron una oportunidad de negocio inmensa gracias a este residuo son artistas argentinos como Christian Huygens , Hector Pomilo y Matías Mischung. Ellos se dedican a vender obras fabricadas con metal reciclados. Mischung vive de la venta de sus obras hace diez años y así sustenta a su familia.

Crédito: Catalina Ponce
CHRISTIAN HUYGENS: "EL DESECHO DE UNOS PUEDE SER EL TRABAJO DE OTROS"
A los 57 años, Huygens expuso en BADA por tercera vez y encuentra en la exposición la oportunidad de estar en contacto con sus potenciales clientes. Sacó flote a su familia reciclando el metal haciendo cuadros y mesas.
Por: Catalina Ponce
El artista porteño, Christian Huygens, dominó la carpintería desde chico. A los quince años trabajaba en su colegio arreglando los bancos y así ayudaba a sus papás. Creció en una familia de ocho, rodeado de cinco hermanos. La necesidad económica le enseñó desde joven a ver oportunidades en donde otros no la veían.
En 2002 enviudó. Con su mujer, Teresa, tenía una familia ya armada con tres hijos: Dominique, Christian y Marianne. Su taller de carpintería estaba en San Isidro en donde trabajaba por encargo haciendo muebles para casas. Ante esta tragedia surgió la necesidad. Christian debió vender su taller para sustentar a su familia y además para atender a sus tres hijos y estar cerca de ellos, pues vivía en Maschwitz. Fue en esta etapa de su vida cuando encontró lo que hoy lo sustenta y le da muchísima gratificación.
La cantidad de chapa que había en la calle llamaba su atención. Es un material que siempre le había gustado, porque cuando se añeja toma texturas y colores diferentes que no se consiguen de otra manera que con el tiempo, ningún proceso químico logra los mismos resultados. Además, las condiciones climáticas provocan que se oxide o que también cambie su textura y su color. Al encontrarse con esto, Christian veía enormes posibilidades para trabajar, así que comenzó a completar sus mesas de madera con pedazos de chapa. Al principio no era el principal material y no necesitaba demasiado, con lo que cargaba en su auto alcanzaba.
La relación con los cartones y los recolectores de basura comenzó a ser fundamental. Ellos se convirtieron en los principales facilitadores del material una vez que Huygens empezó a realizar obras más grandes que requerían mayor cantidad de chapa, metal y acero. “Es una relación en la que ganamos los dos”, dice el artista, porque el recolector no solo le vende la “chatarra” sino que también se libera de unos cuantos kilos de carga para seguir recolectar y después volver a vender.
El gran desafío que encontraba el artista una vez que tenía las pilas de material en su nuevo taller de Maschwitz era encontrar la manera de hacer un collage que además fuese una mesa funcional, es decir que sirviera para comer o estudiar y que también fuera un cuadro. Porque eso es lo que hace Christian Huygens, les da a las personas la posibilidad de comer sobre un cuadro hecho de material reciclado.
La basura encontró al artista en potencia que la necesidad económica y el talento supo explotar. En 2015 realizó su primera exposición en BADA, Boutique Art- Directo de artista, y recuerda que el contacto con la gente le dio un impulso que nunca había sentido. “Es diferente que los conocidos te animen y que un desconocido se quede mirando tus obras, te felicite y te diga palabras de reconocimiento”, señaló Christian. Ese contacto con la gente lo ayudó mucho y por eso decidió volver los años siguientes y en 2017 logró vender nueve piezas. El arte es su motivación, pues el desafío de tener que crear algo nuevo cada vez es algo que lo apasiona.
Los colores que tiene el metal, en especial el metal añejado, son similares a los colores de la naturaleza. El marrón, el verde, el turquesa o verdoso, el amarillo, son colores que él encuentra en el bosque en que está situado su taller, la fuente de su inspiración. Christian no solo ve en el metal la oportunidad de reciclar, sino de plasmar de una forma abstracta, su amor por la naturaleza y de hacerle un tributo a su belleza.

Christian Huygens comenzó completando sus mesas de madera con retazos de chapa. (C.P.)

El color que adquiere el metal añejado no es el mismo si se consigue por medios artificiales. (C.P.)

(C.P.)

Christian Huygens comenzó completando sus mesas de madera con retazos de chapa. (C.P.)
Myriam Núñez: “La moda sustentable implica un trabajo ético”
Myriam Núñez es la fundadora de la Escuela Argentina de Moda y dentro de ella es la coach de diseñadores. La escuela presenta carreras como diseño de indumentaria, producción de moda o asesor de imagen. Entre ellas, hace dos años, surgió la carrera de diseño de moda sustentable. Los alumnos, junto con la demanda del público, fueron los que empujaron a la creación de esta misma. En la siguiente entrevista Myriam nos cuenta cómo surgió y en que consiste la moda sustentable.
Por: Sofía Herrada
¿Hace cuánto se creó la carrera de diseño sustentable en la Universidad?
EA moda tiene una trayectoria de más de 20 años en todo lo que es educación de moda y afines. La carrera de moda sustentable nació hace un año, obviamente por la demanda del público. Por ejemplo, yo tengo una hija de 6 años que me dice: “Mamá apaga luz, cuidado con el agua”. Nuestros estudiantes también nos empujaron a abrir esta carrera. Tardamos tres años en crearla por todos los contenidos éticos que debe tener. Por ejemplo, los chicos de diseño sustentable dibujan nada más que con papel y un lápiz de carbono. Están prohibidas las computadoras, todo tiene que ser muy artesanal, como vuelta al origen.
El diseño sustentable supone que utilizan desechos textiles, ¿Pero que otros tipos de materiales se reciclan?
La tendencia en la sustentabilidad es la palabra “reducción”, reducir materiales en todos los aspectos. En este momento, los elementos orgánicos (telas de bambú, seda) son muy caros en argentina, pero en el mundo se están usando muchísimo. Las telas más que nada orgánicas y de algodón son las más sustentables.
¿Cuál es el objetivo con la creación de esta carrera?
La idea, como fundadora de la EA moda, es dejar de generar tanta chatarra. Es decir, yo veo que se han creado tecnológicamente situaciones en donde el plástico se convierte en una tela. Entonces después, ¿que nos ponemos? ¿Nos ponemos plástico en el cuerpo? Mi miedo es que esta generación de seres humanos se extinga por llevar plástico en el cuerpo y lo que respiramos sea un plástico. Hay gente que recicla chatarra porque es lo que nos han dejado. Hay alumnos que hicieron prendas con capsulas de café o tejieron plásticos. Si un alumno hace una prenda con bolsas de basura lo único que haces es patear la basura para adelante, por el momento nos sirve para empezar a tener conciencia sustentable, pero lo que tenemos que tratar es de ahorrar, que justamente no estén esos desechos. Hay que usar telas más naturales como lino o gusano de seda, que cuando impacten con el medio ambiente se desintegren más fácilmente.
¿Qué es la sustentabilidad para vos?
Hay que considerar cuanto tiempo se lava una prenda en lavarropas o a mano de textiles naturales. Algunos textiles sintéticos necesitan nada más que 20 minutos de lavadora y uso de energía eléctrica, mientras que hay otras prendas de que necesitan dos horas de lavado y energía eléctrica. Por eso, yo creo que el futuro va a ser que la industria y toda la técnica de producción de una tela este enfocada en reducir, por ejemplo, el gasto de la luz, energía eólica.
Cuando hablamos de la palabra sustentable es sostener el sistema de la moda desde lo más ético posible, con el comercio justo, con un trabajo remunerado, no explotación de chicos. La moda sustentable implica laborar con un trabajo ético respecto a lo que significa la moda y su producción.
¿Cuánto tiempo demanda crear una prenda sustentable y cuál es el precio en relación con el tiempo de trabajo y el costo de los materiales?
Los costos en este momento son caros, porque las telas naturales son telas que contra un metro de algodón que sale 150 pesos el metro, salen 400 o 500 pesos (tela de bambú, por ejemplo). Pero, no obstante, a medida que estos productos se empiecen a consumir el precio va a bajar.
¿Cuán difícil es el proceso de reciclado de los desechos textiles?
Es un proceso muy artesanal, no es difícil. La gente acostumbra a pagar por algo reciclado como más barato. Deberían acostumbrar a que tiene un precio más valorado porque es algo exclusivo. De todos los descartes textiles que se reciclan se hace una innovación, algo nuevo. Todos los productos artesanales además son discontinuos, únicos.
¿Se puede decir que ya hay competencia en el mercado de diseño sustentable?
Si, hay mucha competencia, hay muchas marcas de moda. Lo más molesto de la situación es que hay muchas marcas que lo están tomando desde el lado de marketing. Dicen ser una marca sustentable pero no hay una conciencia real.
¿Primero se piensan los materiales o primero se diseña?
Si uno es diseñador de moda, lo que primero busca es un concepto, una inspiración y de ahí se dibujan todos los prototipos y se buscan las telas. Si yo trabajo para una empresa que tiene tejidos sustentables, lo primero que voy a hacer como diseñador es mirar las telas, y en base a las telas en un figurín empezar a dibujar toda la colección y empezar a desarrollar algunos prototipos. Desarrollar los prototipos también significa ahorrar lo máximo en costuras.









