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Economía Azul: de la teoría a la práctica

Un grupo multidisciplinario discutió un nuevo modelo de negocios que busca generar beneficios con la sustentabilidad. Señalaron cómo el mercado capitalista afecta las decisiones socialmente responsables.

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Por: Florencia Santolaria

Crédito: F.S.

En los últimos años la moda viró hacia el verde. Los productos green ocupan cada vez más ámbitos de la vida: comidas y bebidas, vestimenta, ejercicios físicos. El consumidor está más predispuesto a comprar aquello amigable con el medio ambiente o lo que aparente serlo.

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Pero la “economía verde” cuando no es solo publicidad engañosa requiere de grandes inversiones, por lo que se vuelve inviable. Frente a esto nació una propuesta más profunda teñida de azul que reivindica los principios de responsabilidad social y la sustentabilidad. Este nuevo paradigma hace un replanteo ético: la naturaleza no debería ser vista como un simple medio o una fuente de recursos, tiene vida y por ende, un valor.

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Sobre esto discutieron cinco panelistas en la jornada “La Economía Azul y su impacto en los objetivos de desarrollo sostenible” que ofreció la Universidad Abierta Interamericana. Participaron profesionales de renombre: Emilio Apud, ingeniero y director en representación del estado de YPF; Agustín Dellagiovanna, director nacional de desarrollo de la responsabilidad social y sostenibilidad; Fernando Passarelli, especialista en responsabilidad social; Claudio Zuchovicki, gerente de desarrollo del mercado de capitales de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires; y Gonzalo del Castillo, politólogo y experto en economía azul.

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Del Castillo comenzó la jornada explicando la diferencia entre economía circular y azul. La economía circular busca diversificar la utilidad de los recursos para no generar residuos. En cambio, la economía azul trabaja emulando a la naturaleza. Del Castillo sostuvo, “Hay que diversificar el valor de los materiales teniendo una visión sistémica interdisciplinaria, igual que la naturaleza”. Para él, la economía circular es el paso previo a la economía azul.


Pero la realidad económica va más allá del conocimiento conceptual, faltan estímulos para aplicar un negocio sustentable. Para Passarelli se trata de un desafío cultural porque lo que mueve a las empresas es el dinero: “El precio es el factor determinante y lo social queda en la tangente”, puntualizó. Esto se hace evidente en la obsolescencia programada, una práctica que genera dinero constante por lo que es más frecuente, pero que no tiene en cuenta la contaminación.

 

A la par del crecimiento de la economía verde se popularizó el greenwash, es decir, publicidad engañosa en la que los productos se presentan como respetuosos del medio ambiente pero que siguen siendo dañinos.

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Los mercados reaccionaron a la importancia de la sustentabilidad el día que perdieron dinero por irresponsabilidad social. A partir de esto se difundió la compra de Bonos Verdes en la bolsa, aquellos que la ONU certifica como sustentables. Para Claudio Zuchovicki el paradigma verde se aplica solo porque es políticamente correcto y genera ahorros, pero es necesario tener un compromiso ético.

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Agustín Dellagiovanna coincide en que la sustentabilidad sólo se está aplicando porque genera riqueza. El funcionario aspira al modelo de Holanda donde el Comercio Justo es parte de la cultura y señaló: “La gente mira la etiqueta en el supermercado, si no es sustentable no lo compran”.

En la Argentina la sustentabilidad solo crece en La Rioja, porque es política de Estado. Para Dellagiovanna el camino hacia una cultura sustentable es una política federal, un lenguaje común y visibilidad de las iniciativas vigentes.

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Luego de un ida y vuelta de opiniones y propuestas Zuchovicki recalcó la importancia de la responsabilidad del consumidor. Este actor puede aplicar una “condena social” siempre y cuando esté informado. Aun así, ve una esperanza en el cambio generacional: “los jóvenes tienen incorporado el concepto de sustentabilidad y lo impulsan”, concluyó.

TRIPLE R 

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